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Los latinoamericanos hemos hecho un arte del ponerles nombres a nuestros hijos. Un arte reciente, por cierto; antes uno se llamaba Casimiro si nacía el día de San Casimiro, y por eso al cumpleaños se le llama el santo. O te cubrían de nombres a ver cuál te iba mejor, como mi amigo José Francisco Manuel, conocido como Fran. Pero ahora, hay un discurso sobre los nombres pueden contener algún código secreto que se me escapa. Una metodología que hace que existan cientos de argentinas llamadas Fabiana, cientos de me mexicanas llamadas Jimena, cientos de cubanos llamados Lázaro y cientos de colombianos llamados John Jairo.
Lo cuál nos lleva al insoslayble tópico de la fascinacion por los nombres exóticos, que en este caso significa "gringos", rara vez deletreados correctamente, de paso. Wilmer, William, Jimmy, Henry, Nancy. Palabras que tengan Y o W, a menudo seguídas por un José o una María que les clavo un cura sobre la pila bautismal, y que salen a la luz como el hermano loco que se pretende ocultar, ¿cuando se ejerce la funsión del segundo nombre?: regarñar a la gente…¡Jordan Antonio, te metes para adentro ya! No he podido evitar dejar de recordart ponerle nombres yanquis a los chamos cuando el cavismo se rasga las vestiduras por esa identidad nacional que dice defender mientras ha tenido ministros llamdos William, Wilmar, Roger o Jesse.
Esa desesperada sed por la originalidad ha producido verdaderos escesos, los nombres impronunciables que juntan, como un monstruo de Frankestein se mánticio, trozos de la tía Gladis, tan bella, la quiero tanto!; de la abuela Olga que Dios la tenga en su gloria, de tu tía Magali, que si no la pongo se arrecha conmigo; de tu tío abuelo Hernando, que pobrecito no tuvo hijos; de tu papá que es un perro, pero es tu papá, y de mí aunque sea una sílaba, chica, para que no te olvides de la madre que te parió. En esos nombres-caravana caben alusiones a libros de la Biblia, recursos naturales como el mar o la lluvia, admiradas figuras de la farándula y hasta siglas, sgún las leyendas de antimaracuchas, de embarcaciones militares del Imperio que han osado fondear en nuestras costas el caso (U. S. NAVY)
Hay nombre con de tía, con nombre de juez, con nombre de remedío y nombre de quinta. Hay unos sin segundo nombre, suerte de personas decontruidas que algunos pueden dar impresión de que no los querían lo suficiente. Hay otros que ocultan uno de los suyos porque les da vergüenza, o se inventan un apodo para esconder ambos (Como una conocida mía…Detestaba su sewgundo nombre así que se invento uno nuevo), Existen nombres zulianos, de gochos y llaneros, se van extinguiendo a favor de los inventos de los barrios. El nombre es pretexto para que parejas y árboles genialógicos se peleen mientras en feto poco a poco dentro del vientre materno, ignorante del drama que hay alrededor de él por una o dos palabras, salvo en Margarita, donde la única instancia que sabe el nombre de la gente es el Esatdo; el resto de la isla le encasqueta (le pone) un sobre nombre de por vida, que prefeentemente contendar la antigua letra CH (Chica se les dice a las Franciscas)
En Algunas ocaciones hay gente osada, que no soportan su nombres, que nos les importa gastar dinero con tal de verce librados de él. Tanto rollo por algo tan azaroso, que dice más sobre la familia de alguien que sobre la persona que lo lleva. Más sobre la sociedad en que viven que sobre el individuo original, al que se lo pusieronn en la frente y la cédula.
Por: Rafael Osío Cabrices osiocabrices@hotmail.com
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Ilustración Idana Ródriguez idanarodriguez@cantv.net